PUERTOie el Mercado de la Innovación y Emprendimiento

Emprendimiento

Los emprendedores más sénior están ganando terreno a los de perfil más joven

¿El emprendedor nace o se hace? Más allá del manido cliché, la nueva realidad del ecosistema español que ha surgido tras la covid y la eclosión de herramientas digitales está demostrando que la experiencia cotiza y mucho a la hora de poner en marcha nuevos proyectos innovadores y disruptivos. 

Da igual si se llega al emprendimiento por necesidad económica o por considerar que ha llegado el momento vital para hacerlo. Los emprendedores de más de 40 años están marcando el paso en el sector en los últimos años amparados en la economía digital que aceleró tras la covid y, de alguna manera, comienzan a desmontar la idea de que emprender es solo cosa de jóvenes.

 
La experiencia, la resiliencia y su red de networking -uno de sus más codiciados activos- son los ases que estos empresarios atesoran para tomar el control del emprendimiento en nuestro país. 

[El emprendedor poscovid: mayor de 42 años sin empleo que apuesta por la ‘agtech’, ‘blockchain’ y robótica]

Los puestos de trabajo destruidos en el contexto de la pandemia empujaron a muchos de estos profesionales experimentados a emprender -por fin- su propio proyecto ante la falta de expectativas en sus anteriores empleos.

También el avance que ha experimentado la transformación digital se erige en otra de las claves en el segmento seniority, sobre todo entre las mujeres, aunque cada día son más los hombres que también se lanzan al emprendimiento para poder conciliar la vida laboral y profesional.

Los fondos, atentos al talento sénior
Desde Demium, uno de los actores protagonistas del emprendimiento en España, explican a D+I que la apuesta por el segmento sénior está en auge. 

“Hace unos años había mucho apoyo para jóvenes emprendedores, pero eso ha cambiado. Ahora existe mucho más interés por respaldar el emprendimiento en general, no solo a nivel público o administrativo, sino también por parte de los grandes fondos de inversión que, como Demium, estamos invirtiendo en capital humano y en talento sin tener en cuenta la edad”, afirma Jaime Guillot, director de Operaciones de Demium.

“Si antes el mensaje del emprendimiento se trasladaba únicamente hacia los jóvenes -buscar talento joven, canteras, innovación emergente, etc-, hoy los fondos están priorizando en muchos casos un talento más sénior, por la experiencia y el recorrido que trae consigo”, añade el experto.

D+I ha querido conversar con tres emprendedores que decidieron dar el salto y montar su propia startup entrados ya en la cuarentena -y que pasaron por los programas de incubación de Demium-. ¿Cuáles fueron sus motivaciones y qué papel ha jugado la pandemia? ¿Qué ventajas y hándicaps afrontan en su día a día frente a los perfiles más jóvenes?

Carmen Saenz es la CEO de Best for Less, una plataforma digital que conecta a particulares para comprar o vender ropa y complementos de segunda mano con un posicionamiento premium. Economía circular y sostenibilidad copan la filosofía del proyecto disruptor.

“Los emprendedores más seniors entramos generalmente en mercados que conocemos y dominamos”, afirma Saenz, aunque matiza: “Eso no quiere decir que no busquemos innovar y que no seamos disruptivos para aportar novedad en producto o experiencia vía la tecnología o la introducción de nuevas tendencias”.

“La seniority también permite ver claras las prioridades, definir targets y asegurar una experiencia cliente diferenciadora o sentirse cómodo a la hora de posicionarse y convivir con la competencia que o ya existe o acabará llegando”, añade.

La emprendedora considera que esa experiencia no excluye mantener la mente abierta a nuevas propuestas de otros miembros del equipo. “Estamos muy abiertos a escuchar a nuestros equipos que traen ideas nuevas y son expertos en sus diferentes áreas de responsabilidad y a compartir con ellos la visión global del proyecto”.

Reputación y red de contactos: el gran activo
En la misma línea se manifiesta Giovanni Buono, CEO de Quota -proptech que usa un sistema propio para reducir el número de visitas y procesos administrativos para los profesionales del alquiler- respecto a aquello que les diferencia de los perfiles más jóvenes.

“Se tiran más a la piscina y toman decisiones basándose en hipótesis que no siempre tienen un fundamento. Es cuestión de prioridades; a mayor seniority pones en la ecuación factores como la reputación o las relaciones que has construido, que son un gran activo, y que no quieres arriesgar por conseguir un objetivo cortoplacista”.

Sin embargo, es en la suma de perfiles donde el proyecto emergente en su conjunto acaba ganando. “Como cualquier otro camino, el emprendimiento también se disfruta mejor si estás acompañado. En Quota he conseguido encontrar esa persona algo más joven que yo que me complementa y aporta lo que nos falta a los ‘mayores”.

El apalancamiento en la zona de confort es uno de los mayores riesgos que afrontan estos empresarios sénior. “Muchas personas de 40 años corren el riesgo de caer en viejos clichés probados y probados, y no tener la flexibilidad para crear nuevos procesos o modelos de negocios innovadores”. 

Así lo defiende Stefano Scardia, CEO de Colibid. El empresario impulsó, rebasada la cuarentena, esta fintech que subasta créditos y empodera al usuario. Emprender más allá de los 40 conlleva riesgos, pero Scardia también identifica grandes beneficios.

“La mayor ventaja es, sin duda, la experiencia y la credibilidad basada en éxitos anteriores. No estás aprendiendo, estás aplicando conocimiento”, soslaya. 

En este contexto, la pandemia ha sido un factor determinante para explicar por qué el emprendimiento sénior, que ya venía gestándose en los años previos al estallido de la covid, ha pisado en el acelerador.

Sin embargo, transcurridos ya dos años desde el inicio de la propagación del coronavirus, proyectos que irrumpieron en la nueva economía digital de forma abrupta y demasiado acelerada, evidencian que no todo el sector estaba preparado para aprovechar la coyuntura.

En la covid hubo una minifiebre del oro con la digitalización similar a la burbuja de la puntocom; ahora muchos negocios ‘online’ se están disolviendo

Stefano Scardia, CEO de Colibid
“(La covid) ha obligado a mucha gente a reinventarse y para muchos la tecnología y la digitalización han sido la única alternativa de supervivencia. Lamentablemente, también ha generado una ola de improvisadores que se han lanzado al mundo digital sin tener realmente bases”.

“Experimentamos una minifiebre del oro similar a la burbuja de la puntocom. Tras la pandemia, vemos que muchos negocios nacidos online por necesidad se están disolviendo rápidamente. Pero nos hemos acostumbrado a demandar más servicios digitalizados. Colibid es un ejemplo de ello”.

“Salir de la zona de confort”
En cualquier caso, una vivencia se repite en todos los perfiles de emprendimiento sénior y constituye un capital valioso del que, por edad, adolecen los más jóvenes. 

“Ya hemos vivido situaciones complicadas o menos exitosas que nos han enseñado a saber aprender de ellas y seguir adelante. Hemos salido bastantes veces de la famosa zona de confort para reinventarnos y nos hemos convertido en personas mucho más resilientes ante la adversidad”, sentencia Carmen Saenz desde Best For Less.

  [La inversión en startups se ‘enfría’: el volumen cae un 30% de abril a junio mientras arrecia la incertidumbre]

En cualquier caso, el ecosistema emprendedor español afronta un otoño-invierno con múltiples incógnitas. La inversión en startups ya se ha resentido este año como consecuencia de la coyuntura geopolítica mundial, la guerra en Ucrania, la escasez de suministros y el encarecimiento de la energía.

Los próximos meses serán clave para dilucidar la nueva etapa que afronta el sector. Todos los perfiles, sénior y júnior, serán determinantes para que la madurez del ecosistema que tocó techo en 2021 no desande el camino recorrido.

 

Leave a Reply