El miedo como catalizador de la voluntad humana puede posicionarse, en la actualidad, como la tentación política del ejercicio de dirección pública.
La tentación puede ser racionalizada al comprender que la sensibilidad humana se ve condicionada por el sentido de la emergencia permanente. Esta alarma constante puede ser derivada dela inmediatex, del exceso de (des)infomarción y de los algoritmos virtuales que logran delimitar la experiencia a una suerte de recorte, hecho a la medida, en virtud de la satisfacción o del miedo.
La satisfacción o del miedo. La satisfacción, reducida en su término a la responsabilidades del trabajo, bajo la premisa de crisis y escenario post-pandemia, es un terreno de difícil acceso acceso para las jefaturas máxime cuando el discurso políticp ha polarizado el imaginario social entre: buenos y malos, privilegiados y perjudicados. Sumado a ello, el recorte de realidad alienta la percepción del otro como la amenaza y el miedo, entonces, crece como posibilidad legítima de dirección.



