“¿Cuál es el camino qué sigue el fundador de una startup?, ¿es una buena apuesta, en vez de trabajar en alguna compañía o en la academia?, ¿cómo conseguir inversión inicial?”, le preguntaron estudiantes e investigadores a Marc Martin-Casas, director de la aceleradora Illumina, con sede en San Francisco, Estados Unidos, quien participó en el Congreso Internacional del Centro de Biotecnología FEMSA.
Martin-Casas y su equipo se dedican a financiar la innovación y ayudan a las startups con base científica y tecnológica (sobre todo las dedicas a la genómica) a crecer.
Proporcionan a las empresas emergentes seleccionadas acceso a inversión inicial, orientación comercial, sistemas de secuenciación y reactivos, además de un espacio de laboratorio completamente operativo en San Francisco o Cambridge, Reino Unido, durante cada ciclo de financiación de seis meses.
Para Marc, apostar por una startup nunca es mala idea.
“Es una cosa más arriesgada que irte a trabajar a una compañía. La gente siempre habla del riesgo, pero no hablan de la compensación. Si una startup va bien y acaba funcionando, saliendo en bolsa o acaba siendo adquirida por otra compañía, la potencial retribución al fundador es muy grande, básicamente, (y lo hemos visto) no tienen que trabajar el resto de su vida, porque venden sus compañías en millones de dólares”, explicó.
Pero, ¿qué pasa si no funciona? “Cuando no va bien, hay muchas cosas que se pueden extraer del proceso del que se aprende muchísimo. Habrás aprendido a trasladar una cosa que es académica en algo más comercial, hablar con potenciales clientes, validar al mercado; eso lo haces y puedes dirigirte a cualquier otra parte. Yo, cuando una startup falla, siempre he visto que el fundador termina en una buena posición”, dice el doctor Martin-Casas.
¿Qué debo tener en cuenta antes de acercarme a un inversionista o a una aceleradora con mi proyecto?
Mi equipo
Entre las claves que señala el especialista para atraer a los inversionistas es tener un equipo sólido y presentarlo como uno de los activos más valiosos.
“Para las personas en el ámbito académico que quiere empezar con una startup: lo primero en lo que nos fijamos es en el equipo, eso es lo que buscamos. Que ya hayan validado la manera en la que trabajan juntos y hayan tenido experiencias complementarias, por supuesto, que sientan la pasión y estén comprometidos con el proyecto”, dijo.
Explicó que 80% de los inversionistas que deciden no darle fondos a una empresa emergente es porque detectan un equipo débil.
También ayuda que, de vez en cuando, puedan tener acercamiento con los especialistas, por ejemplo, irse a tomar un café.
¿Tengo financiamiento?
Los inversionistas también se fijarán en si tienes algún tipo de apoyo como una beca o grant. O un préstamo. También si tu nueva empresa está diluida o no, es decir, que no hayas vendido acciones o tengas otros socios.
Sobre el grant, Martin-Casas advierte “cuando trabajas para una startup tienen unos deadlines muy apretados y un grant puede ser por un término de cuatro o cinco años, podría ser una distracción, sobre todo, si el tipo de proyecto no está alineado con la startup”.
¿Qué tecnología tengo?
Es decir, las patentes o la propiedad intelectual que tienen los investigadores para comenzar y comercializar su idea.
“Debemos enfatizar que la tecnología no es, necesariamente, un producto. Por ejemplo, hemos invertido en varias compañías que se dedican a buscar biomarcadores en el genoma, pero, muchas veces, le rentan esta tecnología a otra empresa. Nosotros pensamos que la tecnología se debe usar internamente que ellos mismos deberían descubrir los biomarcadores y validarlos, hasta el punto, que lo puedan comercializar. Esto tiene mucho más potencial”, dijo.
Hablar con las empresas
Por su parte, Amparo López Rubio, del Instituto de Agroquímica y Tecnología de Alimentos (IATA) de España, dijo durante su conferencia magistral Estrategias de valorización para mejorar la sostenibilidad de la industria alimentaria que es importante escuchar a la industria para saber cuál de nuestras innovaciones puede convertirse en una idea de negocio, rentable.
Ella, con sus compañeros, trabaja para otorgarle a las empresas opciones biodegradables de empaques, por ejemplo, nuevas almohadillas que se colocan debajo de la carne o pescados, pero que están hechas de materiales compostables.
“Para nosotros, lo que ha sido fundamental, es comenzar a colaborar con las empresas y empezar a hablar un lenguaje inteligible para las empresas. Lo que yo veo es que somos capaces de generar mucho conocimiento y muchos resultados interesantes, pero si no sabemos conectarlo con el mundo real no vamos conseguir nada. El proceso que nosotros hacemos es la creación en conjunto: le preguntamos a las empresas qué necesitas, cómo puedo ayudarte. Somos capaces de generar ideas innovadores, pero la empresa debe estar ahí para decirte que es rentable”.



