¿Qué medidas prácticas podrían tomar los países ahora para garantizar que la transición energética se acelere y avance de manera ordenada?
A medida que 2022 llega a su fin, la transición energética parece más desordenada que nunca. Una economía mundial sacudida por una pandemia mundial y por la creciente inflación que ha acompañado a la recuperación posterior ha tenido que lidiar con un trágico conflicto en Ucrania y sus secuelas de sufrimiento humano, el aumento de los costos de la energía y el declive de la seguridad energética. La respuesta inmediata ha significado una mayor dependencia a corto plazo de los combustibles fósiles y menos recursos disponibles para la transición, sin mencionar los desafíos adicionales para la coordinación regional y global.
De cara a 2023 y a la COP28, el doble imperativo de garantizar la resiliencia energética y la asequibilidad, y de reducir las emisiones parece ineludible. En lugar de retrasar la acción, creemos que estos imperativos enfatizan la importancia de acelerar la acción coordinada a largo plazo, al mismo tiempo que se toman medidas a corto plazo.
Este artículo, un resumen de nuestro informe completo (que se puede descargar en inglés como PDF aquí) destaca una serie de acciones a corto plazo que los países y las regiones de todo el mundo podrían adoptar para garantizar la transición de su sistema energético sin dejar de enfocarse en las necesidades inmediatas de dependencia energética y asequibilidad y, por lo tanto, lograr una transición menos desordenada o “más ordenada”.
El informe analiza estas acciones desde tres puntos de vista diferentes: acciones que se aplican a escala global; acciones que se aplican más específicamente a las regiones y que tienen en cuenta sus necesidades y matices locales; y, por último, acciones que varias partes interesadas, incluidos los gobiernos, las instituciones financieras, las empresas y los particulares, podrían tomar para encontrar el camino hacia una transición más ordenada.
Nos enfocamos en la acción crítica a corto plazo y usamos 2030 como horizonte temporal. No pretendemos describir lo que implica una trayectoria a más largo plazo ni las implicaciones del impulso actual. Tres factores motivan esta elección: la necesidad de pasar de los compromisos a planes y acciones claros; el reconocimiento de que la transición de nuestro sistema energético es un proceso lento y que las acciones que se tomen ahora podrían tardar años en tener las consecuencias deseadas; y la sensación de que el tiempo se acaba.
El impulso hacia las energías renovables está creciendo, pero sin la correspondiente disminución de las emisiones globales
El progreso del mundo hacia una energía más limpia se ha acelerado. Durante la última década, la producción de energías renovables se ha más que duplicado a nivel mundial, y su cuota en el consumo total de energía primaria ha aumentado del 9 por ciento en 2011 al 13 por ciento en 2021. Si bien las energías renovables en sentido amplio abarcan una variedad de energías, incluidas la hidroeléctrica y la geotérmica, aquí nos centramos principalmente en la solar y eólica.
A pesar del crecimiento de las energías renovables, el uso de combustibles fósiles también se está expandiendo para satisfacer la creciente demanda de energía. La demanda mundial de energía creció un 14 por ciento entre 2011 y 2021, impulsada principalmente por fuentes intensivas en emisiones. Como resultado, las emisiones globales relacionadas con la energía han aumentado en la última década en aproximadamente un 5 por ciento, o 1.7 gigatoneladas (Gt) de CO2, y la proporción de energía primaria procedente de combustibles fósiles se ha mantenido prácticamente sin cambios, en un 82 por ciento (Gráfica 1).



